Editorial

Una fría noche de agosto de 1997 se dio incio a lo que se convertiría en el Festival Internacional de Cine Recobrado de Valparaíso. En el Teatro Municipal, Alfredo Barría, creador y director del evento, junto a algunos amigos, colegas y también algunas universidades, comenzaron a aglutinar no sólo a un público ávido de buen cine, sino que a especialistas mundiales de renombre para comenzar a trabajar en los simposios temáticos que el festival desarrollaría durante más de una década.

Hoy, 20 años después, los tiempos han cambiado, no sólo en la forma de ver cine, sino en el tipo de público y sus expectativas, la manera de pensar y sentir la imagen, la apatía postmodernista y la muerte física y conceptual del cine.

Un desafío se le ha manifestado al equipo organizador, y es el de rescatar las imágenes, de volver a significarlas, de volver a los orígenes, a la proyección de películas cuando estas han desaparecido y ya no se usan. ¿Cómo reencantar a un público que se ha vuelto cómodo gracias a la tecnología? ¿Cómo volver a atraer a la gente, al porteño, en un momento de crisis a todo nivel y que gobierna  mundialmente?

Todas estas interrogantes, que no tienen respuesta aún, se van a dar la mano para celebrar los 20 años de un evento, tal vez el más importante artística y culturalmente en Valparaíso, y que es único en Sudamérica.

Películas perdidas filmadas en Valparaíso, la figura mítica de D. W. Griffith y su Intolerancia centenaria, Chaplin cada vez más certero y actual en Tiempos modernos, el mundial de fútbol de 1966, King Kong siendo abatido sobre las torres gemelas, Darth Vader diciéndole a Luke “yo soy tu padre”, la historia de los dibujos animados, la presencia del uruguayo Mario Handler y sus documentales con espíritu latinoamericanista de hace 50 años, invitados de Argentina, Italia y Uruguay hablando sobre el rescate fílmico y su preservación. Todo ello y más para dejar en claro que el cine ha muerto, pero no para nosotros.